En un bosque todos suponemos que hay arboles, claro esta si es que ese bosque aun no es presa de los talamontes clandestinos.

A raíz de los arboles, me permito contarles que existe uno viejo que no esta precisamente en ese bosque sino que fue separado de su arboluda madre a temprana edad para ser plantado en la banqueta de mis vecinos laterales, y ahí ha crecido sin cuidado a la voluntad de su “ent” guardián supongo yo, por que ha crecido bastantito como para criar comunidades enteras en su interior.

(Si te perdiste al no saber que es un “ent” no te preocupes que yo tampoco lo sabia, hasta que alguien leyó por ahí que son árboles muy viejos que salen en los libros de Tolkien)

El famoso árbolote (como lo llaman de cariño todos los infantes de esta calle) ha sido habitado a través de los tiempos por palomas, codornices, gatos, hormigas y los eternos arrendatarios parecen ser las cucarachas (puag puag y recontrapuag, uff uff y recontrauff) y justamente hoy en esta noche de sagrado Dormingo que ya estaba destinado a retirarme a descansar temprano a mis aposentos (¡Ja! ni yo me creí eso) aparentemente y sin que el Discovery Channel, ni el NatGeo televisivo o en versión impresa, y muchos menos el Animal Planet me lo detallaran, se de buena fuente que hoy es el día anual de la reproducción de las mentadas cucas en el universo existente alrededor del señor don árbolote.

Y como dice el que canta la canción del negrito sorullo:

“así lo vi, a mi nadie me lo dijo”

pues andan como cada año por los balcones haciendo su pachanga y intentando meterse a las casas a hacer sus asuntos, por lo pronto ya les vacié una lata entera de un liquido que al caerte en la cara te da cosquillas si no te lo enjuagas rápido.

Y es que en verdad por mas evolutiva y adaptativamente admirables que resulten las cucarachas no dejan de ser animales repulsivos sobre todo al asociarlos con las desagradables e inocuas imágenes de sus actividades nocturnas.

Inclusive peores que imaginarme escribiendo esto a altas horas de la noche…

P.D. Si conoces algún talamontes clandestino que amablemente venga a mitad de la noche a llevarse el árbol de mis vecinos, ¡FELICIDADES!, porque yo aun no.