Muchos años vivió encerrado, cautivo siempre, pues sus padres los engendraron siendo reclusos también .
Aprendió a comer a la hora que los alimentos eran servidos, a tomar un baño por las mañanas junto al resto de sus compañeros de celda, y su derecho a poder beber agua limpia a cualquier hora del día.
Así desfilaron sus monótonos y rutinarios días, siendo el canto su única virtud, entretenía a sus celadores con un concierto matutino y uno vespertino día tras día, mientras su alma se refugiaba del desasosiego creciente en su corazón.
Ocurrió entonces, cierto día en el cual un error de su guardia celador, le brindo la oportunidad deseada mediante una puerta abierta al servir los alimentos, y que le ofrecía algo hasta hoy únicamente conocido a través de conversaciones con vagabundos o enfermos convalecientes, compañeros temporales de celda que siempre alimentaban su inquietud creciente con relatos sobre la

LIBERTAD

Así avanzo hacia la puerta abierta, voló a través de ella, y nunca más en aquel patio se volvieron a escuchar los cantos del canario amarillo tan querido y admirado.
Después se supo que había alcanzado fama y fortuna, pero no cantando, sino traficando juguetes chinos…

…mira que grandísimo cabrón.